Diario de traducción

Cuaderno de campo

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Manual de edición y autoedición

Tengo muchísimos libros de Martínez de Sousa en casa, pero yo creo que este es mi favorito, y eso que es uno de los menos citados y comentados.

Es mi favorito porque es el que mejor extiende sobre la mesa las tripas del libro, el que te hace viajar por un proceso que es forzosamente artesanal aunque hayamos entrado de forma irrevocable en la era del ordenador.

Porque es el que enseña minuciosa y pacientemente que un libro bien hecho es un libro bien hecho, aunque solo esté formado por bitios.

Y eso, en los tiempos que corren, en los que la confusión entre el continente y el contenido nos hace olvidar qué es lo que realmente importa, es una necesidad urgente.

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Dinastías

En esta entrada van mis conclusiones ante un reciente debate en Traducción en España sobre el uso del plural y la mayúscula en los nombres de dinastías.

El MELE, como siempre, es más tajante: una única opción (mayúscula inicial), uso del plural cuando sea posible, invariable en caso contrario. Hay una apostilla en el uso de la mayúscula, que se aplica «a las dinastías que heredan el [nombre] de su fundador». Supongo que quiere decir que se usa mayúscula cuando el nombre de la dinastía reproduce exactamente un nombre propio (Estuardos) y minúscula para los patronímicos (abasíes) y otros casos asimilables.

La OLE lo expresa de otra manera (creo que más clara):

Las dinastías o linajes que se designan mediante un patronímico, tanto en usos sustantivos como adjetivos, se escriben siempre con minúscula inicial, ya que no son en sí nombres propios, sino derivados de nombres propios: los abasíes, los nazaríes, los macabeos, el rey hachemita, un rey sasánida.
Se escriben con mayúscula los nombres de familias y dinastías cuando se emplean en aposición: la dinastía Ming, la dinastía Julio-Claudia, la familia Kennedy

Es especialmente curioso el caso de caso de «omeya», en el que la mayúscula debería ser preceptiva, dado que el nombre de la dinastía coincide con el de su fundador (el patronímico sería más bien un hipotético *omeyí), pero por alguna razón ha adquirido valor de patronímico o ha perdido totalmente el vínculo con le nombre propio que le da origen, lo que ha favorecido al uso de la minúscula. En el DRAE tiene una entrada propia que refuerza esta opción (aunque también aparece también en una ocasión con mayúscula inicial, en la curiosísima entrada «ommiada»). Es además lo que propugna Martínez de Sousa en su Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas, y es también mi opción.

Respecto al uso del singular y el plural, el uso del plural en el caso de minúscula parece claro, y en cambio, en el caso de mayúscula, la regla no parece tan evidente. Para Martínez de Sousa, el plural es preceptivo, siempre que sea gramaticalmente posible, y en cambio la RAE (en el DPD) parece preferir el singular para los nombres propios pero no es muy tajante:

c) Los nombres de dinastías o de familias notorias también vacilan. La mayoría tienden a permanecer invariables: los Habsburgo, los Trastámara, los Tudor, los Borgia; pero otros se usan casi siempre con marcas de plural: los Borbones, los Austrias, los Capuletos.

Personalmente, prefiero utilizar el singular cuando uso mayúscula, me parece más coherente, aunque se puede usar el plural en algunas excepciones en las que  se ha impuesto muy claramente.

Simplificando

Acabo de liarme la manta a la cabeza y cargarme un par de docenas de mayúsculas, entre reyes, presidentes, emperadores, zares y káiseres.

Hasta ahora, ponía mayúscula o minúscula, según fueran acompañados o no de un nombre propio, guiándome por la complicada regla de toda la vida, que la RAE ha ido suavizando con el paso del tiempo.

A partir de ahora, se acabó: minúsculas para todos, tanto si van con mención expresa del nombre propio como si no.

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