Diario de traducción

Cuaderno de campo

Mi primer portátil

Hoy, @bernawang me ha recordado un Trujamán que escribí hace dos años, que se puede encontrar aquí y que, como es cortito, añado al final de esta entrada. Trataba de cómo el paso del tiempo había cambiado nuestra forma de trabajar y nuestra relación física con lo que traducíamos.

Al leerlo otra vez, da pavor ver lo que han cambiado las cosas desde 2010 (yo me quedé en el iPad, pero en aquel momento no pasaba de ser un juguete). Desde entonces, habría que añadir, al menos, los teléfonos móviles inteligentes (con centenares de apps totalmente mágicas), que han dado un vuelco a las relaciones entre nosotros, internet, la informática y las cosas. Por no hablar del acceso abierto a la literatura científica, del imparable proceso de digitalización y de los lectores de libros electrónicos, que han trastocado las relaciones entre analógico y digital.

El otro efecto que ha tenido la exhumación es lanzarme a buscar una foto de mi primer portátil, supongo que en un ataque de añoranza aguda.

Y aquí está el bicho: IBM Portable PC 5155. Mi segundo ordenador (el anterior era un AT) traía dos innovaciones fundamentales: el monitor naranja, en lugar del fósforo verde (una alegría para los ojos) y la segunda disquetera: en una estaba el programa y en otra, los documentos. Sin disco duro, por supuesto, no disfrutaría de un disco duro hasta mi tercer ordenador.

Y uno de los míticos teclados IBM. Nunca he vuelto a tener otro igual. Es la razón de que acumule en mi casa más de diez teclados que no me atrevo a tirar porque están sin usar, pero que arrumbo detrás de un armario porque no me devuelven aquel tacto.

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Pasa la vida

…la Lettera 22, las holandesas, el atril, el papel carbón, la IBM de bola, el típex, las fotocopias, el Commodore 64, la valiosísima colección de catálogos caducados, Amiga 500, las visitas a la farmacia para mirar el Vademécum, el María Moliner en dos tomos, los paseos en metro, 64 K de memoria RAM, la Casa del Libro, las pantallas de fósforo verde, el teclado mecánico, el Código Civil, el contestador automático, la impresora matricial, el floppy, la mesita de los diccionarios, el papel continuo, el atlas, el Amstrad PCW (y Locoscript), A:\>, los mensajeros, PC XT, las fichas en cajoncitos de madera de la Biblioteca Nacional, Word Perfect, los disquetes (12 disquetes para instalar Word), autoexec.bat, Apple II, command.com, las visitas al taller mecánico para saber cómo se llama una pieza, la guía de teléfonos, más diccionarios, MS DOS, las visitas a la ferretería para enseñarles la foto de un tornillo (a ver si hay suerte…), Amstrad PC 1512 (compatible IBM, 250.000 pesetas), el Libro de Estilo de El País, Courier 12, los macros, el virus de la pilota, Claris, más fotocopias (bastante descoloridas), C:\> (20 interminables Mb), el puerto paralelo y el puerto serie, la enciclopedia Larousse, Windows 3.1.1, el ratón (ese artefacto sin futuro…), aparcar las cabezas del disco duro, el módem (priiii, pruiit, gr, grrrrrr, pip, pip, pip), el Tetris, Compuserve, el SIMO, Mosaic, Gopher, el fax (y el papel térmico), el Duden, Telnet, la ruedecita del ratón, Netscape Navigator, Winfax, Infovía, el correo electrónico, ☺, el CD-ROM, Eurodicautom, el virus Melissa, la impresora láser, las temibles pantallas azules, el DUE en CD, el escáner, Traducción en España, Google, 404 not found, las memorias de traducción (la mochila de Trados), el efecto 2000, la banda ancha, el móvil, el SPAM, el reconocimiento de voz, la wifi, el portátil, Amazon, el DVD, Wikipedia, el USB, la traducción automática, 3G, Skype, la Blackberry, el Ipad, Worldcat, Twitter…

Y un texto. Un traductor. Una traducción.

Alicia Martorell

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6 pensamientos en “Mi primer portátil

  1. ¿Y ese bicho te lo llevabas a los sitios? Yo tuve un Amstrad con procesador de textos y todo, incluso una impresora de papel corrido (no sé si se llama así), pero mis hermanos y yo lo usábamos para jugar.

  2. aliciamartorell en dijo:

    Era como una máquina de coser, pesaría algo más de diez kilos y sí, casi lo podías llevar a todos los sitios. De vacaciones, por lo menos sí. :-). No te
    El “papel corrido” se llama papel continuo…

  3. Hola, Alicia:

    Me ha encantado el texto que publicaste en el CVC; el final es grandioso. Yo esa época la viví como un niño despreocupado de todo lo relacionado con los ordenadores y más pendiente de las consolas, aunque el primero que tuve, un Pentium 100, sí que usaba el infame papel continuo. Ahora bien, el resumen que has hecho me parece fascinante: hay muchísimos términos que desconozco o que apenas me suenan, lo que me lleva a pensar el camino tan largo que ha recorrido nuestra profesión en cuanto a la tecnología se refiere. Fascinante.

    Un saludo,

    Sergio

    P.D.: parece que compartimos gustos decorativos en cuanto a los blogs.

  4. Para mí ese cacharro no es un portátil, sino un ordenador portable. No sé si esta diferenciación es justificable diccionario en mano, pero la diferencia estaría en la facilidad con la que puedes montar y desmontar la parada. Es como un portátil de 17″, que en realidad es portable a pesar de tener la pantalla integrada en el chasis, a diferencia de uno de 13″, que es un portátil con todas las de la ley.

    Por cierto, los teclados mecánicos siguen existiendo y una de las marcas más conocidas es Cherry. Eso sí, no son baratos: unos 60 € los modelos más económicos. Yo diría que llegué a catar los mecánicos, pero, como no tecleaba mucho por aquel entonces, ahora no los echo de menos.

  5. aliciamartorell en dijo:

    Era portátil, lo podías meter en un taxi sin ayuda, punto. :-). Cualquier intento de clasificarlo es inútil, no tenía batería, por supuesto, pero era lo más portátil que se podía conseguir en aquel entonces, y los que lo veían se ponían verdes de envidia.

    Respecto a los teclados, sí, tengo todavía un Cherry que se cae a pedazos, pero no he encontrado otro en tiendas para sustituirlo, solo por internet y comprar un teclado sin probarlo… no sé, me da yuyu. De vez en cuando hago una ronda por el Corte Inglés en plan masoca, para que los vendedores me miren raro: ¿cómo, no lo quiere wireless y con acceso directo al correo? ¿Tampoco con lucecitas azules? Un desastre.

    Tampoco me quejo, ahora tengo un Logitech G11 que no está mal, pero ya está descatalogado, me lo regaló mi informático porque nadie lo quería. Tiene esas teclas duras que nos gustan a todos los que hemos estudiado mecanografía con una Olivetti.