Diario de traducción

Cuaderno de campo

Archivar para el mes “octubre, 2012”

Los motores de búsqueda en Google Chrome

Esta entrada se publicó por primera vez en el blog «transdocblog», que cerrará una vez transferidas aquí las entradas de más interés, tras adaptarlas y actualizarlas.

En Google Chrome podemos prescindir fácilmente de almacenes de motores de búsqueda como Mycroft, porque es muy fácil crearlos sobre la marcha.

Este tipo de miniaplicaciones permite hacer búsquedas en una página determinada, utilizando Google. Es como usar la sintaxis «site», pero de forma más rápida y sencilla.

Lo primero que tenemos que hacer es dirigirnos a la página para la que queremos crear el motor. Esa página tiene que tener una caja de búsqueda, es decir, tiene que tener instalada la posibilidad de buscar en su interior. Podemos probar con la página de Dirae, que es una de las que nos será más útil:

A continuación hacemos una búsqueda cualquiera en la página. Podemos usar cualquier palabra, es solo para que Chrome detecte la sintaxis.

El paso siguiente es ir a la configuración de motores de búsqueda. La encontraremos haciendo clic derecho en la caja de búsqueda del navegador.

Veremos todos los motores que Chrome nos ha ido creando automáticamente y uno de ellos será el que vemos más abajo. Podemos borrar los que queramos, o bien editarlos.

Para cada motor, tenemos la información siguiente:

  • En la primera columna, tenemos el nombre del motor. Chrome lo pone automáticamente, pero lo podemos modificar. No es prioritario hacerlo.

  • En la segunda columna tenemos la palabra clave. No solo la podemos modificar, sino que es deseable que lo hagamos. Lo ideal es tener palabras clave cortas y fáciles de recordar. En este caso, vamos a dejar solo «dirae».

  • En la tercera columna tenemos la sintaxis de búsqueda, es decir, la forma en que Chrome va a buscar cuando recurramos a este motor. Manejando esta sintaxis, podremos crear motores nosotros mismos cuando Chrome no los cree automáticamente.

Ahora ya tenemos el motor con la palabra clave modificada.

ahora, ya vamos a buscar, es muy sencillo. Solo tenemos que escribir en la caja de búsqueda del navegador la palabra clave (dirae), un espacio y la palabra que queramos buscar. Más o menos así:

Se puede ver que la palabra clave ha cambiado al color azul después de teclear el espacio. Eso quiere decir que Chrome la ha reconocido.

Y ya solo queda darle a «intro».

También podemos crear motores nosotros mismos utilizando la opción «crear motor de búsqueda» que está al final de la lista en la configuración de motores de búsqueda. Darle el nombre es fácil, la palabra clave también, para la sintaxis solo tenemos que copiar el link de una búsqueda cualquiera que hayamos hecho en una página cualquiera y sustituir la palabra que estábamos buscando por la cadena «%s», tal y como se puede ver en la sintaxis del motor que acabamos de crear para el Dirae. Podemos usar esta opción cuando Chrome no es capaz de crear él mismo el motor.

Sintaxis para algunos motores (utilizando la opción «copiar vínculo» del navegador):

Obviamente, también podemos instalar los motores creados en Proyecto Mycroft.

Algunas referencias:

Antes de OneNote :-)

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Esta página corresponde al cuaderno de documentación de Historia de la violación, de Georges Vigarello, publicada por Cátedra en 1999. Lo estuve traduciendo a lo largo de 1998.

En el mismo cuaderno, había:

  • Unos apuntes sobre derecho del Antiguo Régimen en Francia, especialmente vocabulario sobre jueces, tribunales y auxiliares de la justicia (en francés). Sin fuente.
  • Una lista de 20 palabras (procedente quizá de una lluvia de ideas, de algún texto o de un diccionario de sinónimos) pertenecientes al campo semántico de la violación.
  • Unos apuntes sobre tipos de penas, tomados del código penal español, supongo.
  • Una lista de unas 100 palabras y expresiones extraídas de Adulterio, sexo y violencia en la Castilla Medieval, de Ricardo Córdoba de la Llave (Madrid: UNED, 1994).
  • Una lista en castellano de nombres de oficios (unos 40), sin fuente.
  • Una página de apuntes tomados de El proceso de Macanaz, de Carmen Martín Gaite (en general, vocabulario procesal).
  • Una lista de dos páginas de equivalencias francés-español.
  • Una bibliografía de tres páginas, en la que se incluyen todos los libros aquí citados. No me acuerdo de si los consulté todos, pero supongo que no.
  • Una lista de vocabulario procesal tomado de ley española de Enjuiciamiento Criminal (unos 80 términos).
  • Páginas sueltas (y bastante desordenadas) de apuntes sobre diversos temas y procedentes de diversas fuente en español o francés, como la página que se reproduce aquí.
  • Una página con bibliografía y notas de lectura sobre medicina forense.

En total, unas cincuenta páginas A5.

Una mañana en la Biblioteca Nacional

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Fue en 2000 y estaba traduciendo Por una historia cultural del arte moderno: de David a Cézanne, de Pierre Daix (curioso: tanto esfuerzo y resulta que en la ficha de Dialnet el libro se ha traducido solo…).

Me acuerdo perfectamente de que estaba buscando algunos de los textos que aparecen en los grabados de Goya, en su versión española original, y también algunas citas de cartas. Están hasta las signaturas. Los encontré todos gracias a la rigurosísima edición de Ángel Canellas de los documentos que Goya dejó a su muerte, cuya referencia manuscrita se puede ver en la imagen, que ahora mismo ya es posible  consultar moviendo solo un dedo aquí, gracias a la Institución Fernando el Católico de Zaragoza, que tiene un fondo riquísimo de publicaciones digitales relacionadas con temas aragoneses.

Así cambia el mundo…

Ahora, viendo las signaturas, empiezo a dudar de si estaba en la Biblioteca Nacional o en Medinaceli, en la antigua Biblioteca de Humanidades del CSIC, que ya no existe como tal.

La lengua de los derechos, algunas citas

En el corto y preciso texto de la Declaración [de derechos de 1789] aparecen ya las palabras clave del nuevo sistema político: «derechos», «derecho», «ley», «libertad», «poder », etc. Como se ha dicho certeramente, «al definir el súbdito como ciudadano y al declarar con ello una finalidad, la conquista de la libertad, los diputados instauran la expresividad revolucionaria de los derechos» (pág. 32).

Frente a ese estilo «legicida», que mataba el sentido de las leyes nuevas imbuidas de libertad, el propio Mirabeau invitaba a que estas leyes nuevas se redactasen de forma «inteligible, para poner de acuerdo a los ciudadanos ilustrados sobre sus derechos, vinculándolos a todo lo que puede recordarles las sensaciones que han servicio para hacer surgir la libertad». Es manifiesto, pues, que frente a la oscuridad y torpeza de las antiguas leyes opresoras, una nueva lengua de los derechos y de la libertad se presenta como una de las tareas revolucionarias más caracterizadas (pág. 35).

La lengua de los derechos debe explicarse, pues, no como una simple aparición de nuevos términos, en un plano estrictamente técnico de análisis léxico o sintáctico, sino como la expresión de un nuevo discurso jurídico que ofrece un nuevo modelo de relación entre los hombres. Las palabras deben insertarse en el sistema que intentan expresar, ese «aura de sistema» que es consustancial al Derecho como un todo, sin lo cual su simple comprensión sería imposible. (pág. 37)

Eduardo García de Enterría, La lengua de los derechos. La formación del Derecho Público europeo tras la Revolución Francesa, Madrid, 1994, Alianza Editorial.

La lengua de los derechos

Yo he tenido ideas nuevas:: ha habido necesidad por tanto de encontrar nuevas palabras o de dar a las antiguas nuevas significaciones.

Montesquieu, De l’esprit des Lois, «Avertissement de l’auteur», de la edición de 1757

LA LENGUA DE LOS DERECHOSLa lengua de los derechos, de Eduardo García de Enterría, está elaborada a partir del discurso de ingreso del autor en la Real Academia de la Lengua Española. Tiene como segundo título La formación del derecho público europeo tras la Revolución Francesa..

Analiza cómo un cambio de paradigma en las relaciones jurídicas entre los ciudadanos se acompañará inevitablemente con un cambio lingüístico, Veremos paso por paso cómo el huracán que se llevó por delante los sistemas políticos del Antiguo Régimen, tanto en Estados Unidos como en Francia, tuvo que suponer necesariamente una nueva forma de nombrar las cosas. Y cómo esta forma quedó fijada a través de los textos que marcarían las nuevas reglas del juego: las declaraciones de derechos y el nuevo código penal en el que se basan los actuales códigos penales español y francés, pasando así de lo descriptivo a lo preceptivo.

A pesar de que tiene un componente jurídico importante, es un libro que se lee muy fácilmente sin conocimientos previos.

Termina con un pequeño apéndice sobre «La lengua de los derechos en España», en la que rinde homenaje a los hombres que trajeron a casa la lengua de los derechos que, en su mayor parte, además de políticos, eran hombres de la palabra: Jovellanos, Lardizábal, Alcalá Galiano, Pacheco…

Es muy emocionante para un profesional del lenguaje ver cómo se plasma la relación entre lengua y realidad tangible cuando un grupo de gente que trabajaba en sentar las bases de una nueva sociedad de los derechos tuvo que empezar por las palabras con las que nombrarlos.

Y es que una revolución es también una revolución de las palabras.

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