Diario de traducción

Cuaderno de campo

Quien no inventa, se resigna

¿En qué estriba el problema de la terminología? Apuntado queda, me parece: quien inventa, designa, quien no inventa, se resigna. Es decir, quien no investiga ni produce nuevos conceptos, nuevos aparatos, nuevas formas de resolver problemas o de hacer más llevadera la vida diaria, no puede pretender dar nombre original a cada uno de los productos que invaden los mercados e influyen en nuestro diario vivir. Sin embargo, sí le está reservada la potestad (¡triste consuelo!) de adaptar esos nombres a sus peculiaridades lingüísticas y, una vez adaptados, de aplicarlos unívocamente a una sola cosa, a un solo concepto, a un solo procedimiento u objeto. Como corresponde a la terminología científica y técnica, que debe ser unívoca.

José Martínez de Sousa, Manual de edición y autoedición, Madrid, Pirámide 1994, pág. 13.

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