Diario de traducción

Cuaderno de campo

Archivar para el mes “junio, 2012”

Mitología

Introduccion a la Mitologia Griega por Carlos García Gual | Libros Gratis | AURIGA | Scoop.it

Todos los libros de García Gual son maravillosos sin excepción, pero estos dos son la puerta de entrada ideal a la mitología griega.

Y es que para el traductor distinguir entre un dios y otro, entre variantes griegas y romanas, tener en cuenta las transliteraciones, los distintos avatares, conservar el rumbo entre los nombres que pueden cambiar a lo largo del tiempo, no es nada fácil.

La Introducción a la mitología griega nos da una idea general de la genealogía, el funcionamiento, las relaciones entre unos dioses y otros. En el Diccionario de mitos encontramos entradas más bien amplias sobre los dioses principales para profundizar en el significado y la función de cada uno de ellos.

Que nadie busque en ellos un glosario. no se trata de saber «cómo se dice», sino de entender «qué es».

Aprovecho para recordar que toda la antigua colección “«Religión y mitología» de Alianza Editorial, es una joya que me ha sido útil infinidad de veces y que sigo usando con mucha frecuencia: la Breve historia de las religiones, la Breve historia del budismo, el Libro de los santos (una auténtica maravilla, delicioso de leer y de utilidad insospechada, incluso para los textos más alejados del tema), el Diccionario de las tres religiones monoteístas

Otra fuente insoslayable para traducir sobre historia de las religiones es el tesauro del ministerio de Cultura (qepd): Diccionario de Objetos asociados a ritos, cultos y creencias, que a saber qué será de él y de sus compañeros, porque el portal de tesauros está bastante desmantelado, pero de momento se puede consultar aquí.

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La mujer que amó a Jules y a Jim

Portada de Helen Hessel, la mujer que amó a Jules y a JimMe ha llamado un señor de Barcelona al que no conozco de nada para felicitarme por la decisión de traducir un libro, este (aunque según la web de la editorial, el libro también se ha traducido solo).

Le he explicado que yo esa decisión me la encuentro hecha, vamos, que yo traduzco casi lo que me mandan, pero no ha parecido darle importancia. Para él soy «su» intermediario personal entre un libro que tenía muchas ganas de leer, pero le resultaba inaccesible, y el objeto que tiene en su biblioteca.

Fue una traducción curiosa, pasé unos meses en compañía de tres personas que en cierta forma conocía ya, tanto por el cine como por lecturas anteriores o por la presencia en los medios de comunicación del hijo de Helen Hessel. Me dio una perspectiva completamente diferente de la que tenía a través de Jeanne Moreau y sus compinches de una historia mucho más rica,  sórdida, interesante y complicada de lo que hace pensar la película. Entiendo que el libro se convierta también en un objeto de culto para los que siguen (o seguimos) colgados de una película y una historia que han marcado muchas adolescencias. Como resultado de esta convivencia, mi sistema de identificaciones con los integrantes del trío cambió de forma radical.

Me gustó reencontrarme con los protagonistas de la diáspora alemana, cuya vida había seguido en libros de o sobre la familia Mann, Aldous Huxley, Salka Viertel (de historia curiosamente parecida, aunque en otro continente), Walter Benjamin o Sybille Bedford. El relato de la muerte de Franz Hessel (el Jim de la película) es muy difícil de olvidar. Conservo de la traducción un puñado de fotos de Sanary-sur-Mer en los años treinta y cuarenta que me costó localizar, pero me resultaron muy útiles.

Disfruté traduciendo la biografía de dos traductores, pues tanto Franz como Helen Hessel, políglotas de la vieja escuela en la Europa de su época, ejercieron esa profesión, y no precisamente como mal menor. De la larga lista de traducciones de Franz Hessel podemos destacar la que hizo al alemán, con Walter Benjamin, de A la recherche du temps perdu.

En cuanto a Helen Hessel:

Su segunda traducción, en 1959, es la escandalosa Lolita de Nabokov, escrita en inglés, que traduce para la editorial Rowohlt. No estaban demasiado convencidos de la oportunidad de entregar este texto a una «anciana» de más de 70 años, pero la anciana en cuestión hizo entender a los editores que sobre cuestiones de deseo, sexo y amor, era realmente una experta. Helen tardó dos años en traducir el libro, trabajó mucho en él y no le pareció nada bien que el editor intentara incluir algunas correcciones. Era su traducción, su trabajo, su reflexión y la defendió con uñas y dientes. (pág. 261).

Nada nuevo bajo el sol…

Coaching

Ya he tropezado con el primer cliente que insiste en que lo deje en inglés. Era cuestión de tiempo.

Casi es un alivio: se acabaron las gimnasias complicadas con «entrenamiento», «apoyo», «asesoría», «seguimiento»… que tampoco me dejaban satisfecha en un texto publicitario construido alrededor de este concepto, que en inglés tiene el mérito de ser extremadamente preciso.

Tampoco me alegro, la verdad, de llenar mi texto de basurilla. Es como reconocer un fracaso.

Es lo que tienen los términos de moda.

Traducción y diversidad

La Torre de Babel se alzó (mientras lo hizo) como prueba de nuestra creencia en la unidad del universo. De acuerdo con el relato bíblico, a la sombra creciente de Babel la humanidad habitaba un mundo carente de fronteras lingüísticas, creyendo tener tanto derecho al cielo como a la tierra. La Biblioteca de Alejandría se alzó (sobre un terreno más firme quizá que el de la Torre de Babel) para demostrar lo contrario: que el universo poseía una asombrosa variedad y que esa variedad encerraba un orden secreto. La Torre reflejaba nuestra intuición acerca de una divinidad continua, única, monolingüe, cuyas palabras pronunciaban todos desde la tierra hasta el cielo; la Biblioteca reflejaba la creencia de que cada libro compuesto por estas palabras constituía un cosmos complejo que, en su singularidad, suponía toda la creación.

     Alberto Manguel, La biblioteca de noche, traducción de Carmen Criado, Madrid, Alianza Editorial, 2006, pp. 45-46.

Terminología asistida por… papel y lápiz

2012-06-17 22.31.25

Ya era hora

Francamente, estoy acostumbrada a traducir textos que probablemente no le importen a nadie. Estoy acostumbrada a clientes que no saben responder a mis preguntas. Me las arreglo sola, como si los clientes solo existieran para enviar y recibir. Para no quedarme estancada tengo que recurrir muchas veces a mi vergüenza torera, porque no puedo decir que mis clientes me presionen.

Este último año he encontrado un cliente con el que puedo darle vueltas a los textos hasta la saciedad con todos los asesores , imágenes y material complementario necesarios.

Sistemáticamente, me devuelven los textos con las correcciones y discutimos una por una con el maravilloso jefe de proyecto hasta que todo el mundo queda satisfecho, incluida yo.

Cuando tengo la más mínima duda, solo tengo que preguntar y, en función de la respuesta, estudiamos las distintas opciones para que no quede ninguna ambigüedad y para que la sintaxis y el vocabulario se ajusten al público que va a leer los textos.

El otro día, el redactor reformuló su texto porque los traductores habían despejado algunas ambigüedades y esas mejoras se podían repercutir sobre el original.

No tengo palabras para expresar lo feliz que me hace trabajar así.

Eso sí, no hay atajos ni prisas que valgan: más me vale entregar un texto bien atado, porque tendré que justificar hasta la última coma. Si dejo el más mínimo problema sin resolver, seguro que volverá como un boomerang, pero todo se hace sin presión, con la seguridad de que cualquier texto es susceptible de mejora y de que el trabajo del traductor solo es una parte del engranaje. Estoy aprendiendo más en este último año que en toda mi vida.

Lecturas digitales: Instapaper

Instapaper es el sistema que he utilizado hasta hace muy poco para guardar mis lecturas y pasarlas al libro electrónico. Si  lo he dejado de usar es por una razón muy concreta: cuando tropieza con un blog de formato complicado (quizá porque no está muy bien construido, da sistemáticamente error.

Eso no sería un problema si dos o tres de los blogs que más me gusta leer no estuvieran en esa situación. Así que ya casi no lo uso, pero no deja de ser una buena herramienta.

Por lo demás, tiene todas las ventajas: botón para enviar artículos desde Google Reader, desde el navegador o desde múltiples aplicaciones móviles y botón para crear un libro en formato pdf, epub o mobi con los veinte primeros artículos seleccionados.

Hay bastantes herramientas que crean instantáneamente un epub a partir de una página web, o que crean un mobi y lo envían al Kindle. Instapaper, al igual que Readability, tiene la ventaja de que puede crear un libro con varios artículos dentro, algo indispensable a nada que para nosotros sea un hábito utilizar el lector para leer artículos: un libro por artículo se convierte enseguida en una olla a presión imposible de controlar.

Tiene otra ventaja adicional: a través del complemento Instascriber permite suscribirse directamente a un blog y añadir automáticamente todas las entradas a medida que se publican.

Como ocurre con frecuencia, la aplicación iOS está especialmente cuidada: hace muchas cosas que no se pueden hacer desde el navegador. La aplicación oficial para Android acaba de salir.

Instapaper es un canal ifttt y la lista de lecturas es un canal RSS al que pueden suscribirse otras personas.

Dinastías

En esta entrada van mis conclusiones ante un reciente debate en Traducción en España sobre el uso del plural y la mayúscula en los nombres de dinastías.

El MELE, como siempre, es más tajante: una única opción (mayúscula inicial), uso del plural cuando sea posible, invariable en caso contrario. Hay una apostilla en el uso de la mayúscula, que se aplica «a las dinastías que heredan el [nombre] de su fundador». Supongo que quiere decir que se usa mayúscula cuando el nombre de la dinastía reproduce exactamente un nombre propio (Estuardos) y minúscula para los patronímicos (abasíes) y otros casos asimilables.

La OLE lo expresa de otra manera (creo que más clara):

Las dinastías o linajes que se designan mediante un patronímico, tanto en usos sustantivos como adjetivos, se escriben siempre con minúscula inicial, ya que no son en sí nombres propios, sino derivados de nombres propios: los abasíes, los nazaríes, los macabeos, el rey hachemita, un rey sasánida.
Se escriben con mayúscula los nombres de familias y dinastías cuando se emplean en aposición: la dinastía Ming, la dinastía Julio-Claudia, la familia Kennedy

Es especialmente curioso el caso de caso de «omeya», en el que la mayúscula debería ser preceptiva, dado que el nombre de la dinastía coincide con el de su fundador (el patronímico sería más bien un hipotético *omeyí), pero por alguna razón ha adquirido valor de patronímico o ha perdido totalmente el vínculo con le nombre propio que le da origen, lo que ha favorecido al uso de la minúscula. En el DRAE tiene una entrada propia que refuerza esta opción (aunque también aparece también en una ocasión con mayúscula inicial, en la curiosísima entrada «ommiada»). Es además lo que propugna Martínez de Sousa en su Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas, y es también mi opción.

Respecto al uso del singular y el plural, el uso del plural en el caso de minúscula parece claro, y en cambio, en el caso de mayúscula, la regla no parece tan evidente. Para Martínez de Sousa, el plural es preceptivo, siempre que sea gramaticalmente posible, y en cambio la RAE (en el DPD) parece preferir el singular para los nombres propios pero no es muy tajante:

c) Los nombres de dinastías o de familias notorias también vacilan. La mayoría tienden a permanecer invariables: los Habsburgo, los Trastámara, los Tudor, los Borgia; pero otros se usan casi siempre con marcas de plural: los Borbones, los Austrias, los Capuletos.

Personalmente, prefiero utilizar el singular cuando uso mayúscula, me parece más coherente, aunque se puede usar el plural en algunas excepciones en las que  se ha impuesto muy claramente.

Pomodoros

Los días que estoy muy cansada, tengo demasiados frentes abiertos o necesito ser especialmente productiva tengo que tirar de pomodoros. También lo necesito cuando no me puedo concentrar por alguna razón.

Ya se ha dicho mucho de esta técnica que ayuda a subdividir las tareas en ciclos de 25 minutos de concentración absoluta, así que no voy repetir. Me limitaré a señalar algunos de los aspectos que me resultan más útiles, que no siempre son los que más se comentan:

  • Cuando estoy dentro de un pomodoro no voy a mirar quién anda en twitter ni paro a contestar mensajes. Ya es algo.
  • Me resulta especialmente útil la fase de planificación y es lo primero que hago en un día de pomodoros: si mis cuentas me dicen que necesitaré 10 pomodoros para terminar todo lo que me toca ese día, ya sé que no puedo entretenerme ni un segundo, porque 10 pomodoros = 5 horas cargaditas más las pausas y eso no me deja casi tiempo para el correo, y no digamos para leer blogs.
  • Me ayuda a dividir las tareas: en la planificación me he propuesto no asignar nunca más de 5 pomodoros a una misma tarea. Si me salen más, tengo que trocear. Eso te ayuda a enfocar mejor las tareas largas.
  • Cuando estoy de pomodoros, ya sé que ese día requiere una productividad extraordinaria. Saberlo ayuda a conseguirlo.
  • Una buena planificación permite asignar sistemáticamente algunos pomodoros diarios a los proyectos a largo plazo que no deberían quedarse aparcados.

El programa que estoy utilizando ahora mismo es PomoTime. Lo prefiero porque no es un temporizador mondo y lirondo, sino que deja mucho espacio a la planificación. Además, es muy flexible: puedes corregir y completar manualmente los datos procedentes del temporizador. Y en el androide, Pomodroid. A veces uso solo el androide y tengo preparada una hojilla para planificar y apuntar.

Prácticas en la Universidad

setrad está tratando de hacerse una idea sobre cómo es el proceso de incorporación de los estudiantes de traducción al mercado y, en particular, sobre las prácticas profesionales en las universidades españolas. Para ello ha preparado una encuesta dirigida a alumnos y exalumnos de TeI.

Es fundamental que el número de respuestas sea lo más alto posible, para hacernos una idea real de la situación. Es la primera vez que se hace en España un estudio de tanta envergadura, por lo que pedimos la colaboración de todo el mundo para dar a conocer la iniciativa.

A continuación, el mensaje de presentación de la junta directiva  y el vínculo a la encuesta.


Las prácticas universitarias están diseñadas para proporcionar a los alumnos un contacto con la vida profesional a la que se enfrentarán al terminar sus estudios. Por lo tanto, son o deberían ser una etapa culminante de la carrera y un complemento clave a los conocimientos académicos adquiridos en las etapas anteriores.

Con objeto de optimizar este componente de los estudios de la carrera de traducción e interpretación para las generaciones venideras de alumnos que los cursen, la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes desea conocer la opinión de los que ya habéis hecho prácticas o las estáis haciendo en estos momentos sobre cómo se han desarrollado, lo que os han aportado y, en su caso, los aspectos que creéis que podrían ser objeto de mejora.

Se trata de dedicarnos unos diez minutos para rellenar y enviar una encuesta sobre vuestra experiencia. Huelga decir que la encuesta es totalmente anónima. Una vez terminada, los datos recogidos se pondrán a la disposición de la comunidad universitaria y del sector de la traducción en general.

No dudéis en dar publicidad a esta iniciativa entre vuestros profesores o compañeros de promoción. También contamos con que la difundáis en las redes sociales en las que participéis.

Podéis ir a la pestaña «Encuesta» para empezar a completarla.

Os quedamos muy agradecidos de antemano,

La junta directiva de Asetrad

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