Diario de traducción

Cuaderno de campo

Memorias de traducción

Estoy traduciendo para un cliente un manual de un electrodoméstico. Hace casi diez años que trabajo con él, con textos muy repetitivos, así que tengo una memoria inmensa.

Cualquiera diría que eso me simplifica mucho la vida… Pues no siempre.

En la traducción de hoy me sale la frase siguiente: «Ne jamais placer l’appareil sur ou à proximité d’une source de chaleur”

Como en la memoria tengo almacenado el segmento que se puede ver más abajo, inmediatamente el programa me marca el segmento con verde (para que me desentienda…) y me propone la traducción correspondiente.

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¡Qué bien! ¡Una frase menos! Es muy relajado traducir con sistemas de traducción asistida… Si no fuera porque no estoy traduciendo el manual de una batidora, sino el de un hervidor.

Si el cliente hubiera decidido ahorrarse unas pesetillas con las coincidencias, yo me saltaría ese segmento y allá que se iría el manual del hervidor con una batidora intrusa dentro. Afortunadamente (para él), mi cliente nunca me ha venido con ese planteamiento.

Sin embargo, incluso en mi caso, si no mantengo una desconfianza genuina hacia los 100%, si no me resisto al relax que inducen las coincidencias, es altísimamente probable que el error me pase desapercibido.

¿Quiero decir con este ejemplo que estoy en contra de las herramientas de traducción asistida? De ninguna manera, las uso absolutamente para todo, pero es mejor no dar por hecho que la vida es un montón de segmentos con sus equivalentes listos para que los hagamos brotar de la memoria correspondiente.

Lo normal es que una misma frase no se traduzca de la misma forma en dos textos distintos, no lo contrario.

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3 pensamientos en “Memorias de traducción

  1. Hola, Alicia. Muy buen ejemplo. La verdad es que yo tengo la rara costumbre de mirar todas las coincidencias al 100%, incluso cuando son de algún cliente que no me las paga, porque se me olvida mirar su ficha de tarifas. Los clientes deberían pensárselo mucho a la hora de fijar sus tablas de descuentos, porque se arriesgan a tener problemas muy gordos. Se supone que el revisor sí que tendría que revisar después todo el texto, pero bien sabemos que a veces tampoco funciona así. Como siempre, el balón termina volviendo a nuestro tejado.
    Saludos,
    Francisco Pérez Escudero
    http://www.paraphrasis.com, wordpress.paraphrasis.com

  2. Hola, Alicia: este es un buen ejemplo de como no utilizar una memoria. Si queremos aprovechar nuestras memorias al máximo, debemos utilizar un vocabulario lo más genérico posible. Ya lo cambiaremos luego por «su narca», etc.

    Por ejemplo, el vehículo en lugar de el coche, el equipo/el electrodoméstico en lugar de la batidora, la plancha, etc. En el original, en francés (l’appareill), han tenido buen cuidado de hacerlo así.

    Es algo que observo con frecuencia en manuales de distintas marcas de automóviles que, con excepción de la marca y de algunos párrafos añadidos o suprimidos, el resto del manual parece casi fotocopiado.

    • aliciamartorell en dijo:

      Claro, pero muchos de los textos que traduzco con esa memoria tienen una función de marketing y procuro, todo lo contrario, variar el vocabulario, para que me queden textos aireados, no tan previsibles y que enganchen al lector.

      Por otra parte, es solo un ejemplo. Lo que quiero decir es que nos convertimos en traductores mayores de edad cuando conseguimos entender que el contexto hace que dos frases idénticas se suelan traducir de forma diferente en lugares y momentos diferentes y luego nos comportamos (y dejamos que se comporten nuestros clientes) como si un 100% fuera una verdad absoluta, lo que, convendrás, es bastante contradictorio 🙂