Diario de traducción

Cuaderno de campo

Biblias

Tengo una Biblia nueva para mi colección: se trata de la traducción Cantera-Iglesias de la Biblioteca de Autores Cristianos y publicada en los años setenta.

Ya ocupa su lugar junto a la Biblia de Oso, de Casiodoro de la Reina, en su versión completa de Alfaguara, traducción del siglo XVI en la que se basan las biblias protestantes posteriores (y también la más literaria y personal), la Biblia de Jerusalén, la más filológica y  mi favorita cuando se trata de textos filosóficos, y la inefable Nácar-Colunga, de los años cuarenta, la que prefiero cuando se trata de dar «color local» y la favorita del nacionalcatolicismo.

Y diréis que para qué quiere una descreída tantas biblias. Pues es que cuando me encuentro una cita (y es algo que me ocurre con mucha frecuencia) me gusta elegir con cuidado la traducción que voy a utilizar en castellano, para que encaje como un guante con mi texto.

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